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¿Regresa el populismo a América Latina?

¿Regresa el populismo a América Latina?

SANTIAGO – Hasta hace poco, parecía que América Latina había eludido el enorme tiburón blanco del populismo, justo cuando América del Norte y Europa se lanzaban al mar haciendo la vista gorda. Sí, el régimen chavista de Nicolás Maduro continúa encarcelando ciudadanos y destruyendo la economía de Venezuela; y Evo Morales en Bolivia y Daniel Ortega en Nicaragua siguen cambiando las reglas del juego para poder ser reelegidos indefinidamente. Pero la derrota electoral del peronismo kirchnerista pareció marcar un giro en Argentina. Lo mismo hizo la destitución de Dilma Rousseff en Brasil, y el reemplazo de sus fallidas políticas económicas por un enfoque que reconoce que la deuda fiscal y los déficits no pueden continuar aumentando para siempre.

El tono de la política en la región también daba la impresión de estar cambiando para mejor. Las estridentes acusaciones que convierten en enemigos a todos los adversarios políticos parecían estar cediendo paso a la conciliación y la negociación, lo que, por ejemplo, se reflejó en los importantes aunque efímeros acuerdos que permitieron reformas económicas en México al principio de la presidencia de Enrique Peña Nieto.

Bueno, justo cuando se pensaba que era seguro volver a lanzarse al mar…

Por qué la recuperación económica no derrotará al populismo

Por qué la recuperación económica no derrotará al populismo

SANTIAGO – Los mercados, al igual que los expertos que esta semana se reúnen en Davos, están optimistas: la economía mundial va en pleno camino hacia una recuperación equilibrada y tal vez sostenida. Dada la mejoría en la economía ¿ocurrirá lo mismo en política?

La respuesta es sí para quienes consideran que el auge del populismo en el mundo es una repercusión de la crisis financiera global. A medida que disminuye el desempleo y los ingresos de la clase media comienzan a aumentar, la tentación populista se debilitará, o así lo esperan.

Si solo fuera así de simple.

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Cómo funciona el populismo económico

Cómo funciona el populismo económico

SANTIAGO – Hoy día, ante la llegada al poder de los populistas en el mundo occidental, se está gestando un conflicto sobre la propiedad intelectual de su orientación. Escritores como John Judis afirman que los estadounidenses decimonónicos inventaron el populismo político, con su postura antielitista y su inflamatoria retórica. Acaso no estén de acuerdo con esto los argentinos, que aportaron al mundo el ultrapopulista Juan Domingo Perón, ni tampoco los brasileños con su conocido Getúlio Vargas.
Pero no puede haber desacuerdo alguno en que los latinoamericanos han sido los mejores y más antiguos practicantes del populismo económico. En el siglo XX, Perón y Vargas, junto con Alan García en Perú (por lo menos durante su primer período), Daniel Ortega en Nicaragua, Salvador Allende en Chile y muchos otros, practicaron el proteccionismo comercial, incurrieron en altos déficits presupuestarios, sobrecalentaron sus economías, permitieron el alza de la inflación, y eventualmente sufrieron crisis cambiarias. En años recientes, Hugo Chávez y Nicolás Maduro de Venezuela han practicado estas políticas en forma aún más extrema.

El corazón antidemocrático del populismo

El corazón antidemocrático del populismo

SANTIAGO – En la reunión anual del Fondo Monetario Internacional efectuada a principios de octubre, se escuchó a muchos de sus participantes expresar algo así: “Si los republicanos hubieran nominado a alguien con las mismas opiniones anticomercio de Donald Trump, pero que no hubiera insultado ni acosado sexualmente… ahora un populista proteccionista iría camino a la Casa Blanca”.

La visión subyacente es que el creciente populismo de izquierda y de derecha, tanto en Estados Unidos como en Europa, obedece directamente a la globalización y sus consecuencias indeseadas: la pérdida de puestos de trabajo y el estancamiento de los ingresos de la clase media. Esta es una conclusión abominable para los visitantes frecuentes de Davos, quienes, sin embargo, la han abrazado con el fervor de conversos recientes.