Reconstruir el centro político

Reconstruir el centro político

Andrés Velasco:”Ser de centro implica luchar por las ideas propias, no limitarse a sugerir matices -vocablo tan de moda- a proyectos de ley de matriz ideológica distinta a la del centro reformista. A punta de parches no se genera ni buena legislación ni mucho menos un proyecto político de largo alcance…”.

Un fantasma recorre Chile: el fantasma de la ausencia del centro político. A Chile le fue bien cuando al centro le fue bien. Así ocurrió en los años 30 y 40, cuando de la mano del Partido Radical surgió una nueva clase media y se construyeron los cimientos de un Estado de Bienestar en nuestro país. Ocurrió también en la década de los 60, cuando un nuevo centro de inspiración social cristiana llegó al poder con un impulso reformista y renovador. Y ocurrió, por supuesto, en 1990-2010, cuando la colaboración del centro y la izquierda renovada hizo posible década tras década de estabilidad y progreso.

Hoy el centro político está debilitado. Y las consecuencias para Chile están a la vista. En parte esa debilidad es resultado del nefasto sistema electoral legado por la dictadura, que impuso el marco único de la opción binaria. También engendró una dinámica electoral en que, al apostar cada coalición por asegurar un escaño, la disputa se daba por el voto duro de cada sector y no por el voto mayoritario de centro. El resultado fue un Congreso con ideas mucho más extremas y polarizadas que las del electorado nacional.

Injusto

Injusto

Que el Estado deba garantizar una cancha pareja en materia de financiamiento no es lo mismo que deba asegurar educación gratis a quien sí pueden pagarla

Los anuncios sobre educación gratuita del 21 de mayo han logrado algo difícil: no dejar contento a nadie. Mientras algunos rectores se quejan de los requisitos para recibir los fondos, otros protestan (justificadamente) porque no recibirán fondo alguno. Los alumnos vulnerables de las universidades privadas no tradicionales se preguntan por qué tendrán que seguir pagando, mientras que los alumnos de las universidades estatales no tendrán que hacerlo.

Las ayudas públicas se distribuirán según las características de la institución (el dato arbitrario de si existía en 1981) y no las necesidades del estudiante (si su familia puede financiar su educación superior). Ello resulta a todas luces injusto.

La educación se constituye en un derecho efectivo precisamente en la medida que el dinero no es la barrera que permite o no ejercerlo. Por eso el principio justo en materia de financiamiento es el que enunció el Presidente Ricardo Lagos (otra cosa es que no haya podido aplicarse plenamente durante su mandato): el Estado debe garantizar que no haya joven en Chile que quede fuera de la educación superior porque no puede pagarla.

El Columpio

El Columpio

“…la guinda de la torta fue el anuncio de un ‘proceso constituyente’. Todo gobierno alguna vez se ve forzado a improvisar un anuncio para cambiar el foco de la conversación. Pero improvisar con la piedra angular de una república democrática —su Constitución— marcó un récord de liviandad en la política nacional…”.
Todo padre o madre sabe que si su hijo se columpia con prudencia, el péndulo vuelve al centro y no hay peligro; pero que si la criatura va demasiado lejos en una dirección, lo más probable es que salga volando y termine en la urgencia hospitalaria.

Lo mismo le pasa al Gobierno. Habiendo azuzado por dos años un reformismo hiperactivo que más se parecía al populismo, ahora da indicios de un retorno al centro e instala dos portentos en las carteras de Interior y de Hacienda. Pero a menos de 24 horas, sus propias bancadas parlamentarias salen a enmendarle la plana y dicen que no aceptarán tal cosa, al tiempo que los grupos de interés que se benefician de las leyes en trámite se declaran en estado de alerta.

El peso de la prueba —qué duda cabe— está del lado del Gobierno. Para que el país crea que se inaugura una era de apertura y diálogo, tendrá que hacer cambios, partiendo por la premisa fundante de su estrategia política.
Por razones insondables (Michelle Bachelet lideraba ampliamente en todas las encuestas preelectorales), la Nueva Mayoría decidió que para triunfar primero y gobernar después era menester comprarse toda demanda de cuanto grupo de presión se cruzó en su camino: fin a todo incentivo tributario al ahorro, menoscabo a los colegios subvencionados, gratuidad total y a cualquier costo en la educación superior, y un “proceso constituyente” cuyo contenido nadie aún ha podido desentrañar.

La peligrosa política del euro

La peligrosa política del euro

SANTIAGO – El jurado aún no decide si Grecia logrará evitar el default, permanecer en la eurozona y revertir la brutal contracción de su economía. Pero cualquier jurado justo ya se hubiera pronunciado sobre las consecuencias políticas de la moneda común: un fracaso total.

Por supuesto, la justificación del euro siempre fue de índole política y se dio en dos variedades: la burda y la elevada.

La justificación burda, rara vez discutida en forma directa por gente de buenos modales, era que los países de Europa meridional gastaban demasiado e imponían una carga tributaria muy baja, por lo que se endeudaban en exceso. Mientras pudieran financiar sus déficits emitiendo moneda y devaluándola de vez en cuando, no dejarían de ser imprudentes. Sólo la camisa de fuerza del euro y una política monetaria dirigida desde Frankfurt podrían hacerlos entrar en vereda.

Ésa era la teoría. En la práctica, el resultado fue exactamente lo opuesto. Tras que desapareciera el peligro de la devaluación, los diferenciales de las tasas de interés se desmoronaron, y con ellos el costo de los créditos. Los países europeos de menores ingresos se inundaron de dinero barato proveniente del exterior. En algunos – Grecia, Italia, Portugal – este dinero financió un gasto público insostenible. En otros – España e Irlanda – financió las ilusiones extravagantes de ciertas empresas inmobiliarias privadas. Las deudas se dispararon por doquier.

Meritocracia y democracia en la educación pública

Meritocracia y democracia en la educación pública

SANTIAGO – ¿De dónde provienen las elites latinoamericanas? Si nos guiamos por el realismo mágico, tendencia literaria que una vez fue de gran popularidad en Estados Unidos y Europa, pertenecen a una de las 14 familias (sí, 14 es el número que se repite) que desde la colonia son propietarias de toda la tierra arable – y de todo lo demás.

Pero la realidad es más compleja que la ficción. En la mayor parte de América Latina, las familias tradicionales hace mucho tiempo que aprendieron a compartir el poder político con una elite diferente: urbana, profesional, culta y egresada de los mejores liceos y universidades públicas de la región. En Chile, sin embargo, esto podría estar a punto de cambiar.

El Instituto Nacional es tan antiguo como la República de Chile. Es gratis, tiene un sistema de admisiones basado sólo en el mérito, y estudiantes de familias de clase media o de sectores populares componen la mayor parte de su alumnado.

En las pruebas de selección para la universidad que se realizaron el año pasado, veintidós alumnos del Instituto Nacional obtuvieron puntajes nacionales – muchos más que los nueve provenientes del segundo mejor plantel, un colegio privado y caro del Opus Dei. En el Instituto Nacional y en su par femenino, el Liceo 1, se han educado dieciocho presidentes chilenos, y cuatro de los últimos siete, entre ellos Michelle Bachelet.