El centro reformista en América Latina

El centro reformista en América Latina

Se dice que el escritor vienés, Stefan Zweig, afirmó: “Brasil es el país del futuro – y siempre lo será”. De la misma forma, el centro político en América Latina siempre ha estado en el horizonte – hasta ahora.

Para quienes la observan desde afuera, la región es prácticamente sinónima con la polarización política. Los guerrilleros de uniforme verde oliva, los populistas carismáticos y los reaccionarios jefes de juntas militares, han sido figuras más reconocidas que los políticos moderados vestidos de un deslucido gris.

Sin embargo, en América Latina existe una larga – aunque no siempre fructífera – historia de reformistas liberales de centro. En el siglo XIX, fueron los liberales quienes laboriosamente separaron las instituciones de sus nuevos estados de las de la iglesia católica. En los años ’30, los políticos de una izquierda moderada, en respuesta a la crisis que la Gran Depresión había desatado en la región, construyeron los rudimentos de un estado de bienestar moderno. En los ’60, los políticos de centro de diferentes tendencias – muchos de ellos democratacristianos – lucharon por encontrar una alternativa a la amenaza de la revolución armada y al totalitarismo de la Cuba de Fidel Castro.

Incentivo al trabajo

Incentivo al trabajo

SANTIAGO – Algunas políticas económicas son analfabetas porque causan una ineficiencia evitable. Otras son crueles porque causan un sufrimiento humano evitable. No hay muchas que sean económicamente analfabetas y crueles al mismo tiempo, pero el gobierno conservador del Reino Unido lo acaba de lograr al recortar los créditos tributarios para los trabajadores de bajos ingresos.

El modelo para este sistema, creado por un gobierno laborista en 2003, es el programa estadounidense llamado Earned Income Tax Credit [Crédito Tributario al Ingreso Laboral]. En la práctica, los dos sistemas funcionan como un subsidio salarial para quienes reciben remuneraciones bajas, reduciendo la pobreza – especialmente para mujeres con hijos pequeños – y fortaleciendo los incentivos al trabajo.

Los fracasos del fracaso del “modelo”

Los fracasos del fracaso del “modelo”

El pasado 23 de junio Andrés Velasco fue invitado a comentar el nuevo libro de Alberto Mayol y José Miguel Ahumada. El título de la obra es llamativo: “Economía política del fracaso, la falsa modernización del modelo neoliberal”. ¿Quieres saber qué dijo Andrés sobre este libro? Aquí está todo:

“Economía Política del Fracaso”, de Alberto Mayol y José Miguel Ahumada, pretende ser la crónica de varios fracasos anunciados. Uno es económico. En el lenguaje del libro, el “modelo neoliberal” habría fracasado en su objetivo de modernizar la economía, entre otras razones porque Chile no ha logrado diversificar su estructura productiva y su canasta exportadora.

El fracaso también sería político. Mayol y Ahumada apuntan a la centro-izquierda (política e intelectual) como cómplice activo que habría permitido que el “modelo” perdure. De ese modo, el fracaso no solo sería atribuible a los arquitectos originales como José Piñera o Sergio de Castro, sino que también a los políticos de la Concertación que habrían e intelectuales como Eugenio Tironi, Carlos Peña y Fernando Atria, en tanto legitimadores del “modelo neoliberal”.

“Modelo” y “modernización” se repiten una y otra vez en la línea argumental del libro. El problema es que son categorías analíticamente vacías. Sobre fundamentos tan frágiles no se puede construir un argumento robusto. Mucho menos una condena prácticamente todo lo que ha ocurrido en la economía, la política y la sociedad chilena en el último cuarto de siglo.

Reconstruir el centro político

Reconstruir el centro político

Andrés Velasco:”Ser de centro implica luchar por las ideas propias, no limitarse a sugerir matices -vocablo tan de moda- a proyectos de ley de matriz ideológica distinta a la del centro reformista. A punta de parches no se genera ni buena legislación ni mucho menos un proyecto político de largo alcance…”.

Un fantasma recorre Chile: el fantasma de la ausencia del centro político. A Chile le fue bien cuando al centro le fue bien. Así ocurrió en los años 30 y 40, cuando de la mano del Partido Radical surgió una nueva clase media y se construyeron los cimientos de un Estado de Bienestar en nuestro país. Ocurrió también en la década de los 60, cuando un nuevo centro de inspiración social cristiana llegó al poder con un impulso reformista y renovador. Y ocurrió, por supuesto, en 1990-2010, cuando la colaboración del centro y la izquierda renovada hizo posible década tras década de estabilidad y progreso.

Hoy el centro político está debilitado. Y las consecuencias para Chile están a la vista. En parte esa debilidad es resultado del nefasto sistema electoral legado por la dictadura, que impuso el marco único de la opción binaria. También engendró una dinámica electoral en que, al apostar cada coalición por asegurar un escaño, la disputa se daba por el voto duro de cada sector y no por el voto mayoritario de centro. El resultado fue un Congreso con ideas mucho más extremas y polarizadas que las del electorado nacional.

Injusto

Injusto

Que el Estado deba garantizar una cancha pareja en materia de financiamiento no es lo mismo que deba asegurar educación gratis a quien sí pueden pagarla

Los anuncios sobre educación gratuita del 21 de mayo han logrado algo difícil: no dejar contento a nadie. Mientras algunos rectores se quejan de los requisitos para recibir los fondos, otros protestan (justificadamente) porque no recibirán fondo alguno. Los alumnos vulnerables de las universidades privadas no tradicionales se preguntan por qué tendrán que seguir pagando, mientras que los alumnos de las universidades estatales no tendrán que hacerlo.

Las ayudas públicas se distribuirán según las características de la institución (el dato arbitrario de si existía en 1981) y no las necesidades del estudiante (si su familia puede financiar su educación superior). Ello resulta a todas luces injusto.

La educación se constituye en un derecho efectivo precisamente en la medida que el dinero no es la barrera que permite o no ejercerlo. Por eso el principio justo en materia de financiamiento es el que enunció el Presidente Ricardo Lagos (otra cosa es que no haya podido aplicarse plenamente durante su mandato): el Estado debe garantizar que no haya joven en Chile que quede fuera de la educación superior porque no puede pagarla.