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¿A quién beneficia la reforma laboral?

¿A quién beneficia la reforma laboral?

Destacamos una nueva columna de Andrés en Los Columnistas de TV Bio Bio respecto a la reforma laboral:

“La inmensa mayoría de las personas que trabajan en Chile no están en un sindicato, por tanto, esta reforma laboral no los beneficia”

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Chile no crece: ¿Quién paga el pato?

Chile no crece: ¿Quién paga el pato?

Compartimos análisis de Andrés respecto al crecimiento económico en Chile en la sección Los Columnistas de TV Bio Bio

“¿Por qué importa el crecimiento? Porque cuando la economía crece, los sueldos crecen, los salarios crecen, el empleo crece, los ingresos de las familias crecen. Hay estudios que dicen que el 70% de toda la reducción de la pobreza en Chile (del año 90 a la fecha), se debió al crecimiento económico. Por tanto, para la pobreza y para la desigualdad el crecimiento importa”

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“El verdadero test de una reorientación del gobierno es si se reforman las reformas” Entrevista en diario La Tercera.

“El verdadero test de una reorientación del gobierno es si se reforman las reformas” Entrevista en diario La Tercera.

“Aprendí que vivir en el mundo público tiene sus altibajos”, afirma el ex ministro Andrés Velasco cuando se le consulta por sus últimas semanas de bajo perfil. Así, con sutileza, hace referencia al caso Penta y a la polémica charla pagada que dio a los dueños del holding. “También aprendí que hay que perseverar en la defensa de las ideas, aunque tenga costos”, se apura en puntualizar.

Así, el ex ministro retoma su ofensiva y pone suspenso al anunciado giro del gobierno de Bachelet. “Todavía está por verse qué acciones van a confirmar que hubo un cambio de rumbo” sostiene.

Reconstruir el centro político

Reconstruir el centro político

Andrés Velasco:”Ser de centro implica luchar por las ideas propias, no limitarse a sugerir matices -vocablo tan de moda- a proyectos de ley de matriz ideológica distinta a la del centro reformista. A punta de parches no se genera ni buena legislación ni mucho menos un proyecto político de largo alcance…”.

Un fantasma recorre Chile: el fantasma de la ausencia del centro político. A Chile le fue bien cuando al centro le fue bien. Así ocurrió en los años 30 y 40, cuando de la mano del Partido Radical surgió una nueva clase media y se construyeron los cimientos de un Estado de Bienestar en nuestro país. Ocurrió también en la década de los 60, cuando un nuevo centro de inspiración social cristiana llegó al poder con un impulso reformista y renovador. Y ocurrió, por supuesto, en 1990-2010, cuando la colaboración del centro y la izquierda renovada hizo posible década tras década de estabilidad y progreso.

Hoy el centro político está debilitado. Y las consecuencias para Chile están a la vista. En parte esa debilidad es resultado del nefasto sistema electoral legado por la dictadura, que impuso el marco único de la opción binaria. También engendró una dinámica electoral en que, al apostar cada coalición por asegurar un escaño, la disputa se daba por el voto duro de cada sector y no por el voto mayoritario de centro. El resultado fue un Congreso con ideas mucho más extremas y polarizadas que las del electorado nacional.

El Columpio

El Columpio

“…la guinda de la torta fue el anuncio de un ‘proceso constituyente’. Todo gobierno alguna vez se ve forzado a improvisar un anuncio para cambiar el foco de la conversación. Pero improvisar con la piedra angular de una república democrática —su Constitución— marcó un récord de liviandad en la política nacional…”.
Todo padre o madre sabe que si su hijo se columpia con prudencia, el péndulo vuelve al centro y no hay peligro; pero que si la criatura va demasiado lejos en una dirección, lo más probable es que salga volando y termine en la urgencia hospitalaria.

Lo mismo le pasa al Gobierno. Habiendo azuzado por dos años un reformismo hiperactivo que más se parecía al populismo, ahora da indicios de un retorno al centro e instala dos portentos en las carteras de Interior y de Hacienda. Pero a menos de 24 horas, sus propias bancadas parlamentarias salen a enmendarle la plana y dicen que no aceptarán tal cosa, al tiempo que los grupos de interés que se benefician de las leyes en trámite se declaran en estado de alerta.

El peso de la prueba —qué duda cabe— está del lado del Gobierno. Para que el país crea que se inaugura una era de apertura y diálogo, tendrá que hacer cambios, partiendo por la premisa fundante de su estrategia política.
Por razones insondables (Michelle Bachelet lideraba ampliamente en todas las encuestas preelectorales), la Nueva Mayoría decidió que para triunfar primero y gobernar después era menester comprarse toda demanda de cuanto grupo de presión se cruzó en su camino: fin a todo incentivo tributario al ahorro, menoscabo a los colegios subvencionados, gratuidad total y a cualquier costo en la educación superior, y un “proceso constituyente” cuyo contenido nadie aún ha podido desentrañar.