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La peligrosa política del euro

La peligrosa política del euro

SANTIAGO – El jurado aún no decide si Grecia logrará evitar el default, permanecer en la eurozona y revertir la brutal contracción de su economía. Pero cualquier jurado justo ya se hubiera pronunciado sobre las consecuencias políticas de la moneda común: un fracaso total.

Por supuesto, la justificación del euro siempre fue de índole política y se dio en dos variedades: la burda y la elevada.

La justificación burda, rara vez discutida en forma directa por gente de buenos modales, era que los países de Europa meridional gastaban demasiado e imponían una carga tributaria muy baja, por lo que se endeudaban en exceso. Mientras pudieran financiar sus déficits emitiendo moneda y devaluándola de vez en cuando, no dejarían de ser imprudentes. Sólo la camisa de fuerza del euro y una política monetaria dirigida desde Frankfurt podrían hacerlos entrar en vereda.

Ésa era la teoría. En la práctica, el resultado fue exactamente lo opuesto. Tras que desapareciera el peligro de la devaluación, los diferenciales de las tasas de interés se desmoronaron, y con ellos el costo de los créditos. Los países europeos de menores ingresos se inundaron de dinero barato proveniente del exterior. En algunos – Grecia, Italia, Portugal – este dinero financió un gasto público insostenible. En otros – España e Irlanda – financió las ilusiones extravagantes de ciertas empresas inmobiliarias privadas. Las deudas se dispararon por doquier.

Apostando por Ucrania

Apostando por Ucrania

KIEV – Hace un año, jóvenes ucranianos arriesgaban su vida en la Plaza de la Independencia de Kiev defendiendo un acuerdo que iba a acercar a su país a la Unión Europea. Ese levantamiento puso fin a un régimen corrupto y – después de elecciones libres y justas – llevó al poder al gobierno más reformista que haya tenido Ucrania en su historia.

Cabría suponer que el heroico compromiso de los ucranianos con los ideales democráticos de Europa iba a desatar una ola de apoyo por parte de Occidente a un país que lucha contra la agresión rusa y la inestabilidad económica. Pero no ha sido así. De hecho, a pesar de que durante la cumbre de 2014 los líderes europeos tomaron la valiente decisión de “mantener el rumbo” con las sanciones a Rusia, no se pronunciaron mayormente sobre la ayuda a Ucrania.

Donald Tusk, el ex primer ministro de Polonia que lideró su primera cumbre como Presidente del Consejo Europeo, está a favor de un mayor financiamiento para Ucrania. Pero, según lo informa el Financial Times, la voluntad de varios países europeos de reunir los fondos permanece “tibia en el mejor de los casos”.

Al enfrentar las crisis de la deuda en la zona euro, los líderes europeos una y otra vez han esquivado el problema, lo que ha provocado una recesión innecesariamente profunda y prolongada. Ahora están a punto de cometer el mismo error con Ucrania, con consecuencias que potencialmente serían aún más devastadoras.

Desaceleración

Desaceleración

A los economistas les gustan las imágenes automovilísticas. Suelen decir que una economía experimenta una desaceleración, sufre un frenazo, o derechamente choca y se hace pedazos. Un auto se desacelera cuando el conductor saca el pie del acelerador y el vehículo sigue avanzando, pero más lento. Eso es exactamente lo que ha ocurrido con la economía de Chile.

En la década pasada —exceptuando 2008-2009, los dos años de la crisis mundial—
la economía chilena se expandió en promedio 5,7 por ciento anual. Este año, por contraste, Chile va a crecer apenas 2 por ciento, y con suerte 3 por ciento el año 2015. Es decir, esta desaceleración casi califica de frenazo.